Existe una cárcel, en el país de San Marino, donde la comida se pide en un restaurante y donde el peor enemigo es la soledad. Se trata del Penitenciario de los Capuchinos, en la que solo hay un preso durante todo el año.
Actualmente, el único detenido de esta República es un joven de 30 años
encarcelado el 24 de enero por una caso de maltratos y violencia en la
familia. Durante más de un año tendrá que estar detrás de las barras de
la prisión sin más almas que la suya, aunque a veces se cruza con sus
abodados, algún que otro visitante o con la Policía que custodia la
cárcel, tal y como publica el diario italiano «Repubblica.it».
Hasta este momento, el exmonasterio ha sido todo suyo: dos plantas y seis celdas
que conforman la llamada Seychelles (así es como llaman los vecinos
italianos a la prisión). Es un poco difícil matar el tiempo aquí, aunque
hay una biblioteca, un pequeño gimnasio, una sala de televisión, una
cocina y un comedor al que llegan todos los días la comida que han
encargado al restaurante más cercano.
La «antigua patria de las libertades»
El
aislamiento forzado del único detenido casi se ve truncado por culpa de
un italiano arrestado por robo el pasado 10 de enero, pero la justicia
fue muy veloz y le puso en libertad en solo una semana. Precisamente,
esta cárcel nunca fue de las más pobladas.
En 2010 hubo siete detenidos, seis hombres y una mujer, que estuvieron
83 años detenidos. En 2009 fue mucho peor: 14 detenidos, 13 hombres y
una mujer que estuvieron untotal de 746 y
Se trata de números irrisorios sobre todo si se enfrentan con los de las superpobladas cárceles italianas.
Esto puede deberse a las dimensiones del Estado -poco más de 30.000
residentes- pero también por la legislación vigente desde los tiempos de
«la antigua patria de las libertades».
Por las mismas penas se está menos años en la cárcel que en el país vecino (Italia), no existe la cadena perpetua y
el homicidio más grave no llega a superar los 30 años de condena.
Además, la cárcel preventiva viene aplicada de manera escasa porque el
peligro de fuga en este país -que se cruza en unos minutos- es un raro
caso.
No obstante, en San Marino tienen un sitema de penas alternativas a
la encarcelación. Existe un Consejo de ayuda que estudia soluciones
individuales para cada condenado, desde controles en el trabajo a
entrevistas con psicólogos.
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