
Un
Agustina enfurecida, rabiosa, espada en mano, con las ropas sangradas
enciende la mecha de un cañón con el que intenta repeler el ataque de
los franceses. Todo bajo la leyenda de
El deseo de vivir vence al condicionamiento de no matar. La defensa de Zaragoza ha comenzado. Así de potente es una de las primeras escenas con las que comienza
Agustina.