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Es el holgazán más criticado de Inglaterra. Keith Macdonald se ha hecho tristemente célebre por tener 15 hijos (uno en camino) con 14 mujeres, las mismas que no imaginaban que el padre de sus niños disfruta de ir de cama en cama sin ningún tipo de responsabilidad sobre sus autos.
Según indicó el diario inglés Daily Mail, el hombre de 25 años siempre se esmera para que no le falten los cigarrillos, los videojuegos y la cerveza. Sin embargo, cuando se le pregunta por su irresponsable actitud, él niega todo.
Los medios ingleses indican que el hombre cobrará fuertes cantidades de dinero del Estado por las asignaciones familiares y contribuciones que se entregan a los niños hasta que cumplen la mayoría de edad. Algunos calculan unos 2 millones de libras.
Los principales medios lo han catalogado como “un playboy de los suburbios” y un ejemplo de “exuberancia sexual”.
La madre del décimo hijo del sujeto, conocido como “Baby N°10”, contó las mujeres no se conocían entre sí. Desde la sociedad inglesa se le ha pedido que se le aplique la vasectomía.
Este caso extremo ha despertado el debate en Inglaterra sobre los bonos a las personas de bajos recursos.
Vía Twitter: :@AngelLlacer


"Soy optimista, porque aún no hemos encontrado nada", ha asegurado en declaraciones Martín Valentín, quien ha valorado que esta campaña de excavación vaya a durar dos meses y medio. En la pasada campaña, el equipo de este investigador -esa vez más reducido- halló momias, huesos humanos, cuentas de collar, lino, papiros y estatuillas, pero en su mayoría fragmentos.
Esta vez, este arqueólogo se ha mostrado confiado en que se encontrarán sarcófagos y piezas enteras. Y es que los investigadores tratarán de llegar a zonas más profundas de la tumba, donde, en épocas pasadas, los saqueadores no tuvieron oportunidad de acceder. "Una cosa es excavar hasta los 5,40 metros y otra muy distinta hasta el suelo de piedra, donde pueden aparecer cosas importantes y no hay el mismo ambiente de despojo", ha indicado Martín Valentín.
Un periodo turbulento
Los investigadores, cuyo proyecto está financiado por el Ministerio de Cultura y la Fundación Gaselec de Melilla, trabajarán en la tumba 28 que perteneció al visir Amen-Hotep, Huy (del que prácticamente no se sabe nada), correspondiente al reinado de Amen-Hotep III (Imperio Nuevo, hacia 1360-1353 antes de cristo).
Este período y, en concreto, el tiempo transcurrido entre los años 28 al 36 de este soberano constituye uno de los períodos más turbulentos del Imperio Nuevo egipcio, ha agregado Martín Valentín. Tal y como ha recordado este experto, en la primera campaña de excavación el equipo se encontró el monumento totalmente cubierto de arena, lo que parece la causa de que hasta la llegada de los españoles la tumba no hubiera sido excavada por arqueólogos.
El suceso se ha producido sobre la una de la madrugada en una vivienda situada en la calle Almirante Cervera de Moncofa (Castellón), cuando el hombre, de 46 años, ha asestado varias puñaladas a su esposa, de la que tenía una orden de alejamiento. A consecuencia de las heridas de arma blanca ha muerto la mujer, con la que tenía un hijo en común el agresor.
Posteriormente, el agresor ha intentado suicidarse lanzándose desde la azotea del edificio, aunque no ha muerto. Una ambulancia del SAMU lo ha trasladado hasta el hospital de La Plana, en Vila-real, donde permanece custodiado por la Policía.
Según el balance de este periódico, ya son 51 las mujeres muertas por violencia de género en lo que va de año. El último asesinato antes de hoy se produjo el 19 de septiembre, cuando se halló el cadáver de M. R. T. R, de 30 años, en una finca situada en el término municipal de Córdoba (Andalucía). El presunto autor del crimen falleció en el hospital tras caer de una torre de electricidad.

SYDNEY Reuters/EP
Un grupo formado por unos 50 activistas australianos contra el cambio climático cerró el puerto de carbón de Newcastle (sureste de Australia), el mayor del mundo, tras acceder en tres terminales y atarse a los equipos de carga, según informaron el operador del puerto y los propios manifestantes.
La medida del grupo Rising Tide frenó las operaciones de las tres terminales del operador portuario Port Waratah Coal Services, que operan de manera constante, según señaló un portavoz.
La portavoz de Rising Tide, Annika Dean, dijo que nueve manifestantes se ataron a la maquinaria en lo que calificaron como una acción de "emergencia" para destacar el impacto del cambio climático.
Se trata de la última de una serie de protestas en la terminal portuaria por parte de esta organización, que asegura que las exportaciones de carbón de Australia están alimentando el calentamiento global.
Newcastle es el mayor puerto exportador de carbón del mundo y una importante fuente de ingreso en Australia.





Isabel F. Lantigua | Emma Fernández | Madrid
El Dr. House, el gurú del diagnóstico diferencial, no es el único médico capaz de detectar un síndrome quimera -un trastorno extremadamente raro en el que quien lo padece tiene células con diferente ADN-. En la vida real, el televisivo médico tiene una dura competencia. Un grupo de doctores experimentados que forman parte del Programa de Enfermedades sin Diagnosticar (UDP, según sus siglas en inglés) y que se dedica a dar esperanza a pacientes que llevan toda una vida buscando una explicación a sus problemas de salud.Este equipo de elite, que forma parte de los NIH (los Institutos de Salud de EEUU), utiliza el mismo método de trabajo que House. Primero estudian la historia clínica del paciente y enumeran sus síntomas, debaten con qué patologías pueden cuadrar y descartan otras, dan su veredicto y realizan todas las pruebas necesarias para confirmar su hipótesis. Sin embargo, en su caso diagnosticar una enfermedad lleva mucho más de los 60 minutos de la ficción.
El trabajo de estos detectives de enfermedades comenzó en 2008, como un proyecto piloto, y desde entonces han estudiado a 300 personas. Pero su labor es más difícil de lo que parece en la tele y mucho menos existosa. Como reconocía esta semana a la CNN el director del Programa, William Gahl, "debemos ser realistas y tratar de que nuestros pacientes también lo sean. Sabemos que somos su última esperanza, pero tienen que ser conscientes de que han estado en los mejores centros del país y no han encontrado respuesta. Nuestra tasa de éxito ronda el 15%".
No resuelven todos los casos, pero sí algunos muy complicados. El objetivo del programa es doble. Por una parte tratan de ofrecer un diagnóstico a gente que lleva muchos años sufriendo sin encontrar solución. Y, en segundo lugar, intentan descubrir nuevos trastornos o nuevos aspectos de enfermedades ya conocidas. Para ello, 25 profesionales de especialidades tan diversas como la oncología, la genética, la cardiología o la odontología se reúnen para estudiar cada caso y, además, pueden pedir ayuda a cualquiera de los otros centros adscritos a los NIH.
Para acceder a la valoración de estos detectives, el afectado debe ser recomendado por un médico de otro centro y presentar todo su historial. Una vez elegido, el paciente -suelen ser 100 cada año- pasa una semana en el centro del UDP, donde le realizan todas las pruebas necesarias. Luego, le mandan a casa y ahí es donde empieza el verdadero trabajo al más puro estilo de Sherlock Holmes. Encontrar el diagnóstico puede llevar días o meses. Pero la sensación cuando se logra es inexplicable, tanto para el médico como para el paciente.
La conoce bien Amanda, estadounidense de 28 años, que vivió su infancia sin saber por qué tenía tantas meningitis, por qué la salmonelosis era mucho más grave en ella que en sus compañeras, por qué una simple herida le causó una gangrena que se extendía tan rápido que le tuvieron que amputar la pierna izquierda. Mucho sufrimiento después, descubrieron el origen de su problema: una deficiencia de IRAK-4, una mutación genética que impide al organismo crear una proteína necesaria para luchar contra las bacterias, dejando a la persona totalmente indefensa.
Según la definición de la Unión Europea, las enfermedades raras, minoritarias, huérfanas o poco frecuentes, incluidas las de origen genético, son aquellas con peligro de muerte o invalidez crónica que tienen una prevalencia menor de cinco casos por cada 10.000 habitantes. Existen más de 5.000 enfermedades raras conocidas y pacientes y familiares sufren un calvario hasta que averiguan qué es lo que anda mal.
La Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) calcula que los afectados tardan de media unos cinco años en recibir un diagnóstico. Aunque a veces este tiempo se prolonga mucho más y, otras veces, nunca se llega a una respuesta médica concreta. A falta de un equipo como el de EEUU, esta institución lleva tiempo reclamando una red de centros de referencia para estas patologías, que evitaría a los pacientes y sus familias los desplazamientos constantes en busca de un diagnóstico y un tratamiento eficaz.


Vasili Grossman había llegado allí junto a las tropas soviéticas en julio de ese mismo año. "Su reconstrucción fue tan precisa, con tal lujo de detalles y tan minuciosa porque pudo estar presente en los interrogatorios que hicieron los oficiales rusos a cuantos habían sobrevivido, fueran víctimas o verdugos; con todo ese material pudo elaborar una descripción de primera mano de lo fue el horror", explica Antony Beevor, que acaba de publicar, junto a Luba Vinogradova, Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945 (Crítica), la edición de los cuadernos de notas que el escritor ruso redactó durante la II Guerra Mundial mientras acompañaba al Ejército soviético. Beevor los descubrió cuando preparaba su libro sobre la batalla de Stalingrado en el Archivo Estatal Ruso de Literatura y Artes. "Nadie sabía que se habían conservado, ni cómo llegaron allí, ni cómo sobrevivieron a las pesquisas de la eficaz investigación de los servicios secretos de Stalin".
El texto sobre Treblinka lo elaboró Grossman a partir de las notas de sus cuadernos. Los empezó el 5 de agosto de 1941 cuando partió hacia el frente por orden del general David Ortenberg, director de Estrella Roja, el periódico oficial del Ejército Rojo que era también leído con avidez por la población civil. No tarda en contar de la fiereza de los alemanes cuando atacan borrachos, de las bombas que lanzan los Junkers, del pavor que se desencadena cuando se escucha la presencia de los Messerschmidts. Apunta: "La imagen de Gomel ardiendo en los ojos de una vaca herida" y también que "un piloto escapó atravesando las líneas enemigas en ropa interior, sin soltar su revólver", o que el cohete que se le escapó a un joven recluta "alcanzó al jefe del Estado Mayor en el trasero". Su balance pocos días después de ver lo que ocurre en primera línea es rotundo: "¡Sí, ha comenzado un tiempo despiadado, un tiempo de plomo!".
"Lo más interesante de las notas de Grossman es su capacidad para contar un sinfín de detalles relacionados con los individuos", explica Beevor. "No sabía gran cosa de ciencia militar y tuvo que ponerse a estudiar sobre estrategia y sobre armamento y tecnología, pero lo más revelador es siempre su capacidad de reflejar la vida del frente. No era uno de esos periodistas que cubren la guerra desde un hotel y transmiten las notas oficiales de los comisarios. Iba con las tropas y supo crear un clima de confianza tal que tanto soldados como oficiales le contaban lo que padecían con todo detalle. Él no tomaba notas cuando le hablaban, lo que suele intimidar. Escuchaba y luego escribía en sus cuadernos. Lo que cuenta es verdad, pero seguramente no se corresponde palabra a palabra con lo que le dijeron".
Cuando la temible Wehrmacht, el Ejército de Hitler, invadió Rusia el 22 de junio de 1941, Vasili Grossman se presentó inmediatamente para alistarse como voluntario en las tropas soviéticas. Tenía 35 años, pero lo consideraron inútil para cualquier tarea militar. Había nacido en la ciudad ucrania de Berdichev, en el seno de una familia judía. Sus padres se separaron, así que vivió una infancia que lo llevó de un lado a otro. Estudió química, se casó y tuvo una hija, se separó. Trabajó como ingeniero en una mina. Lo dejó pronto para dedicarse a escribir. Publicó dos novelas siguiendo los patrones del realismo socialista y uno de sus cuentos fue elogiado por Bulgakov y Gorki, dos de los grandes referentes de la literatura rusa de entonces.
La posibilidad de cubrir lo que ocurría en el Ejército Rojo para publicarlo en su periódico oficial lo salvó de la crisis en que la que cayó cuando lo rechazaron como combatiente. Así que salió para el Frente Central. Vivió el bombardeo de Gomel, la larga huida de Orel cuando se acercaron las tropas alemanas, el cerco de Kiev, el frente de Briansk. Estuvo con el 50º Ejército, que mandaba un general que había estado en la Guerra Civil española: "Petrov grita palabras españolas que suenan fuera de lugar aquí, bajo este cielo de otoño, sobre este suelo húmedo", anotó en sus cuadernos.
"Son muy pequeños", dice Antony Beevor, "llenos de apuntes escritos con una letra menuda. Cuando Luba y yo los descubrimos, quedamos fascinados por la cantidad de información que contienen sobre lo que ocurrió en el frente, sobre cómo vivieron la guerra quienes la hicieron y quienes la padecieron. A las autoridades soviéticas les interesaba que fueran escritores, y no sólo periodistas, los que informaran sobre lo que ocurría en los campos de batalla. Enviaron a Grossman, a Ehrenburg, a Simonov... Hay muchas similitudes entre los que cubrían la guerra entonces y los que lo hacen ahora. Hay también diferencias: hoy es más fácil escabullirse de la censura gracias a las nuevas tecnologías. Entonces la información no era instantánea, tardaban unas semanas en aparecer los textos, había más tiempo para elaborarlos".
"Stalingrado ha ardido. Tendría que escribir mucho para describirlo. Stalingrado ha sido incendiada. Stalingrado está en cenizas. Está muerta. La gente está en los sótanos. Todo ha ardido", escribió Grossman cuando le tocó contar que "la guerra ha llegado al Volga". Corría el año 1942 y muchas de las notas que tomó entonces le sirvieron para construir sus novelas, como la célebre Vida y destino, que pasa por ser una de las piezas más brillantes sobre el estalinismo.
"Con el paso del tiempo, aquel hombre desgarbado que había sido rechazado como soldado se convirtió en un tipo fornido, que aguantó todas las penalidades de la guerra y en el que coincidían, cosa muy rara, la valentía física con la valentía moral", comenta Beevor. "Contó cuanto había visto, incluso la violencia y la brutalidad con la que trataron los soldados soviéticos a las mujeres alemanas en su avance hacia Berlín. Fueron tan salvajes algunas violaciones que algunas notas, que finalmente no se han incluido, eran pura pornografía y ofensivas para cualquier mujer".
Fragmentos de los apuntes de Vasili Grossman, que Antony Beevor y Luba Vinogradova han editado en Un escritor en guerra (Crítica).
- En el frente de Briansk (1941). "El interrogatorio de un traidor en un pequeño prado, un día de otoño tranquilo y claro, con un sol suave y agradable. Lleva barba crecida y viste un abrigo raído marrón rojizo y una gran gorra de campesino. Desertó hace varios días y fue capturado la noche pasada en la primera línea, cuando trataba de regresar a nuestra retaguardia vistiendo esa ropa campesina que parece sacada del vestuario de una ópera. Los alemanes lo habían comprado por 100 marcos. Volvía para localizar cuarteles generales y aeródromos. 'Pero si sólo fueron 100 marcos', dice arrastrando las palabras. Piensa que la modestia de esa suma podría hacer que lo perdonaran".
- En Stalingrado (1942). Testimonio del francotirador Anatoli Ivanovich Chejov: "Cuando recibí el fusil no podía ni pensar en matar a un ser humano: un alemán estuvo allí durante unos cuatro minutos, hablando, y le dejé ir. Cuando maté al primero, cayó inmediatamente. Otro corrió y se inclinó sobre el muerto, y lo tumbé también... Cuando maté por primera vez me eché a temblar: ¡Aquel hombre sólo iba a conseguir algo de agua! Sentí miedo: ¡Había matado a una persona! Entonces recordé a nuestro pueblo y comencé a matarlos sin piedad".
"Cuando uno entra en un búnker y en las oficinas subterráneas de los oficiales y soldados, siente de nuevo un ardiente deseo de retener en la memoria los notables rasgos de esa vida tan peculiar. Las lámparas y la chimenea hechas a partir de vainas de artillería, tazas hechas con sus culotes junto a los vasos de cristal sobre las mesas. Y un volumen de Shakespeare en la oficina subterránea del general Gurov... Toda esa vida cotidiana son apacibles cosas hogareñas rescatadas de los edificios incendiados".
- El campo de concentración de Treblinka (1944). "Sabemos de la muerte por hambre, de la gente hinchada a la que llevaban en carretillas al otro lado del alambre de espino y la fusilaban. Conocemos las increíbles orgías de los alemanes, cómo violaban a las chicas y las mataban inmediatamente después, cómo un alemán borracho le cortó los pechos a una mujer con un cuchillo, cómo arrojaban a la gente desde una ventana a seis metros del suelo, cómo una compañía borracha sacaba por la noche de los barracones entre 10 y 15 prisioneros para practicar diferentes formas de asesinato, sin prisa, disparando a los hombres condenados en el corazón, en la nuca, en un ojo, en la boca, en la sien...".
- Camino de Berlín (1945). "A las mujeres alemanas les están sucediendo cosas horrorosas. Un alemán educado cuya mujer ha recibido 'nuevos visitantes' [soldados del Ejército Rojo] explica con gestos expresivos y palabras rusas entrecortadas que ha sido violada hoy por 10 hombres. La señora está presente".

Pascual exprime al máximo el camión de talento que conduce. Su premisa se basa en un juego solidario, intenso de principio a fin, agresivo cuando es necesario, perfectamente estudiados los relevos, los altibajos de los partidos, los puntos fuertes y débiles de los rivales. El talento de sus jugadores sale a relucir sin perderse en efectismos baratos, empezando por Navarro, que se mueve como pez en el agua y sobrevoló la final, todo el torneo.
El Barça salió a galope tendido, como si el partido no fuera sino una prolongación de su arrolladora demostración del día anterior ante el Real Madrid. Navarro revolucionó el juego y apabulló a la defensa del Valencia, que tuvo mil y un problemas para tomarle la medida. Rafa Martínez no podía con él y las ayudas de sus compañeros no enmendaron la plana. Navarro enlazó 10 puntos consecutivos, la misma diferencia que reflejaba el marcador cuando solo habían transcurrido tres minutos (14-4). Empezaba a tomar cuerpo la idea de una final presidida por el monólogo del Barça. Tres minutos más ratificaron la presunción (24-7), con Mickeal en vena de aciertos y el Barça, pese a todo, relajado, sin necesidad de grandes alardes, con Morris todavía a medio gas, todavía sin entrar en acción Basile, Vázquez, Lorbek o Ricky Rubio, al que Xavi Pascual, tras su decepcionante papel en el reciente Mundial con la selección, ha relegado al banquillo en beneficio de Sada.
El Valencia logró cambiar ligeramente el cariz de los acontecimientos con un buen final en el primer cuarto y un parcial de 2-14 merced sobre todo a la brega y los rebotes de Lischuk y Sundov, algunas acciones de Savanovic y a una buena puesta en escena de De Colo. Se situó a cinco puntos (26-21). Un espejismo.
El Barça ajustó de nuevo las piezas. Volvió a exhibir Mickeal su majestuosa superioridad en los uno contra uno, volvió a escaparse como una anguila Navarro de Rafa Martínez, de Cook, de quien le pusieran por delante, volvió a hacer valer su velocidad y agilidad Ndong bajo el aro, volvieron a aportar defensa, velocidad, agresividad y hasta puntos los suplentes como Grimau o Basile. Y a eso se añade el asombroso acierto desde más allá de la nueva línea de triples, como si para el Barça no se hubiera alejado medio metro como para todos los demás. Siete le metió al Valencia, tres de Navarro, el mejor de la final, recompensado, por supuesto, con el trofeo MVP. No hubo color.
Barcelona 83 - Valencia 63
Regal Barcelona (26+14+23+20): Sada (1), Navarro (22), Mickeal (17), Morris (5), N''Dong (13) -cinco inicial-, Lorbek, Rubio (2), Roger (4), Vázquez (6), Basile (12), Perovic (1), Lakovic.
Power Electronics Valencia (21+8+18+16): Cook (1), Martínez (4), Richardson (10), Savanovic (16), Lishchuk (11) -cinco inicial-, De Colo (4), Claver (8), Sundov (9), Simeón.
Árbitros: Hierrezuelo, Redondo, Jiménez. Eliminado De Colo (m. 40).
Incidencias: Final de la VII Supercopa disputada en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.600 espectadores.