Las canas
son como las arrugas. A casi nadie le gusta lucirlas, pero antes o
después, sin avisar, a traición, aparecen ¡chas! A veces pasan
desapercibidas porque se encuentran semiocultas entre la cabellera. No
te preocupes. Algún simpático amigo o familiar te sacará de la
ignorancia al grito de: «¡te ha salido una cana!». Como si fuera un
bicho lo que tuvieras en el pelo.
Lo
siguiente será la tentación de arrancarla. Y a continuación la típica
frase: «¡No te la quites que te salen más!». Algunos todavía piensan que
despojarse de una cana provoca una violenta reacción en cadena. Pues no
es cierto. «Es una fantasía. No se deben arrancar las canas,
pero no porque aparezcan más, sino porque provocamos un traumatismo en
el cuero cabelludo que puede dañar el folículo y que no salga más pelo»,
explica la doctora Aurora Guerra, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Doce de Octubre de Madrid y miembro del grupo de tricología de la Academia Española de Dermatología (AEDV).
Otra leyenda urbana que circula entorno a las canas es que el pelo blanco es más resistente y se cae menos. El dicho popular «el que canea no calvea»
no tiene ningún fundamento científico. «Los pelos canos son mas ásperos
y gruesos pero eso es independiente de que se caigan o no. El pelo
sigue su proceso sea del color que sea», advierte la doctora Guerra.
¿Por qué salen las canas?
Los cabellos están programados genéticamente tanto para su duración (de 3 a 6 años) como para el color que tendrán. Los melanocitos
son las células que se encargan de dar tonalidad al pelo, pero éstas,
como el resto de nuestras células, también envejecen y llega un momento
que se «jubilan» y dejan de producir melanina. Por eso el cabello sale
blanco.
Por
lo general, hacen su aparición estelar a los 40 en la raza blanca, y a
los 60 en el caso de la raza negra. Aunque como su origen es génetico, en algunos casos salen mucho antes o mucho después. El estrés y la ansiedad,
aunque en menor medida, también pueden desescadenar su aparición. «Una
de las cosas que envejecen son los radicales libres exógenos, que se
encuentran en la contaminación; y los endógenos, que se producen por el
estrés crónico y agudo», explica la doctora Guerra.
Que se lo digan al expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero o al actual presidente de EE.UU., Barack Obama, que han visto como sus sienes blanqueaban al mismo ritmo que crecían sus preocupaciones.
La
cana que sale, se queda. Aunque se caiga de forma natural, el pelo que
vuelva a emerger seguirá siendo blanco. De momento, no existe un
tratamiento para evitarlas, pero sí hay abiertas algunas líneas de investigación
que en un futuro podrían conseguir, mediante manipulación genética, que
el cabello recuperase el tono perdido. Hasta entonces, el que no quiera
lucirlas a lo George Clooney o Richard Gere, tendrá que agarrarse al tinte como Luis Figo.
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