Desde hace dos semanas, los medios de comunicación se han hecho eco de la turbia relación entre Arancha Sánchez Vicario y sus padres. La polémica se desató cuando la ex tenista hizo públicas las demandas que ha interpuesto contra sus padres por
motivos económicos así como episodios escabrosos de la relación
familiar, que han sido desvelados por la propia campeona olímpica en su
biografía.
A pesar de la estupefacción que causó el aireamiento de los trapos
sucios de los Sánchez Vicario, este tipo de casos no son nuevos en el
mundo del deporte en el que, a veces, sus protagonistas, deportistas
laureados y exitosos, sufren el flaco favor que les hacen sus
progenitores. Precisamente, el mundo del tenis encierra muchos casos de esta índole que en su mayoría se concentran en el circuito femenino.
Uno de los casos que más conmocionó al mundo del tenis fue el de la australiana, nacida en Croacia, Jelena Dokic.
Su padre, Damir Dokic, fue quien introdujo a Jelena en el mundo de la
raqueta; sin embargo, acabó convirtiéndose en el verdugo de la carrera
deportiva de su hija. Le prohibieron el acceso a los torneos por su
comportamiento inapropiado, a lo que se le unió más de un encontronazo
con la ley y las amenazas de secuestrar a su propia hija, matar a un
australiano o lanzar una bomba nuclear en Sydney. Pero lo peor estaba
por llegar. Jelena rompió relaciones con su padre al que acusó de malos
tratos y vejaciones y, con tan sólo 18 años, se sumió en una profunda
depresión que la alejó del tenis durante una larga temporada hasta su
regreso en 2009, con 26 años.
Algo parecido fue lo que vivió en sus carnes la prometedora tenista francesa de origen iraní, Aravane Rezai.
Toda la familia se dedicó en exclusiva a la carrera deportiva de
Aravane. Su padre, Arsalan, era su entrenador, su madre ejercía de
fisioterapeuta y el hermano de la tenista era su sparring. Pero fue el
carácter agresivo y dictatorial de su padre el que resultó ser excesivo
para su hija. "En muchas ocasiones me ha hecho llorar en los
entrenamientos y me ha obligado a trabajar en una condiciones
lamentables mientras nevaba o bajo una fuerte lluvia", denunció una vez
Aravane. Pero además de los malos tratos hacia su hija, se unía la
constante indisciplina de Arsalan en los torneos, con casos de agresión
incluidos, que obligó a la federación francesa a prohibirle la entrada a
sus instalaciones.
También aterroriza la historia de Mirjana Lucic, una
tenista croata nacida en Alemania y que fue considerada una de las
mayores promesas del tenis femenino en los 90. Sin embargo, las palizas
que recibía de su padre y el régimen de terror al que la sometía su
progenitor acabaron con su incipiente carrera. Mirjana denunció que su
padre, Marinko Lucic, ex atleta olímpico en la prueba de decathlon, la
pegaba después de perder un partido o, incluso, por haber hecho un mal
entrenamiento. Con 16 años huyó de su padre rumbo a Estados Unidos,
después de diez años de palizas y maltrato psicológico.
El caso de Martina Hingis es el de una adolescencia
truncada por la obsesión de una madre en hacer de su hija la mejor.
Melanie Molitor había sido tenista profesional, pero nunca llegó al
máximo nivel. Melanie se convirtió en la mentora de su hija y se
trasladó con la pequeña Martina, nacida en Eslovaquia, a Suiza, para más
tarde completar su formación deportiva en Estados Unidos. Mientras, el
padre de Martina pasaba grandes dificultades económicas. Con 16 años
deslumbró al mundo y con 18 ya era número uno. Pero la pequeña Martina
se había convertido en una adolescente y el amor llegó a su vida. El
primer romance que se le conoció fue con el tenista español Julián
Alonso y, aunque en principio, su madre no se opuso, un ligero sobrepeso
y algunos malos resultados hicieron saltar las alarmas. Fue entonces
cuando Melanie puso contra las cuerdas a su hija al obligarla a elegir
entre el tenis profesional o su novio. Martina acabó accediendo a los
deseos de su progenitora, que cada vez la presionaba más y más, lo que
hizo estallar a la estrella suiza. La relación amor odio entre madre e
hija vivió su momento álgido cuando Martina le dijo a Melanie que no
quería que la entrenara más e incluso le prohibió asistir a su partidos.
Casos en que los padres ven a sus hijas como 'máquinas de hacer
dinero' se repiten a lo largo de los años. Por un lado tenemos a Richard
Williams, el progenitor de las hermanas Williams,
quien se hizo rico gracias al talento de sus hijas. Richard se lleva el
50% de todos los contratos de ambas y maneja sus fortunas. Sin embargo,
su carácter controvertido y sus salidas de tono han comprometido, más de
una vez, a las famosas hermanas del tenis. Expulsado varias veces de
los torneos, fue acusado de amañar los partidos en los que se
enfrentaban sus dos hijas con el fin de sacar la mejor tajada económica
posible. Otro progenitor al que le cegó la avaricia fue el padre de la
tenista alemana Steffi Graf. Peter Graf inició a su
hija en el tenis a la edad de cuatro años. La pequeña Steffi no tardó en
despuntar y su padre decidió hacerse cargo de todo lo concerniente a su
carrera deportiva. Peter, alcohólico y adicto a los antidepresivos,
empezó a tener chanchullos con mafiosos y, finalmente, fue condenado por
haber evadido al fisco alemán unos 21 millones de euros. Después de
aquello, la relación entre padre e hija se rompió.
Peo quizás el caso más desgarrador es el de la tenista norteamericana Jennifer Capriati.
Dio el salto al tenis profesional con tan sólo 14 años mientras su
padre, Stefano Capriati, la sometía a un régimen militar en el que
estaban prohibidas las amistades, las actividades de ocio, las fiestas,
etc. Sólo importaba el tenis. Tras alcanzar la gloria con 17 años, la
vida de Jennifer se convirtió en un infierno. Comenzó a encadenar una
serie de malos resultados que la obligaron a tomarse un descanso que no
le proporcionó la paz que buscaba. Sus padres se divorciaron, se
introdujo en el mundo de las drogas, comenzó a frecuentar malas
compañías, fue arrestada por robar en una tienda y por tenencia de
marihuana y cocaína y vivió episodios de intento de suicidio.
Finalmente, ingresó en un centro de desintoxicación, rompió la relación
con su padre y volvió a las pistas con 20 años.
Alba Díez Ruiz
Fuente
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