Todo
comenzó el pasado mes de febrero, cuando un lobo de apenas dos años fue
capturado por un biólogo del Servicio de Pesca y Naturaleza del estado
de Oregón. El profesional le colocó un chip subcutáneo, le colocó un
collar localizador con GPS y le asignó el código OR-7.
Al
llegar la primavera, OR-7 se separó de su manada y, como todos los
machos jóvenes, comenzó a buscar una pareja con la que asentarse en
algún territorio libre y comenzar su propia manada. Desde entonces, OR-7
ha viajado desde el noreste de Oregón hasta la frontera de California
sin haber encontrado aún ninguna hembra.
Entretanto,
el joven lobo, ajeno a la suerte que pueden correr sus antiguos
compañeros, ha recorrido miles de kilómetros en busca de una hembra. En
las últimas semanas se le ha localizado en el Parque Nacional de Crater Lake, cerca de la frontera con California. Aunque no se le ha visto en compañía,
algunos curiosos afirman haber encontrado las huellas de otro lobo
junto a las suyas. Tal vez en poco tiempo su historia pueda tener un
final feliz.
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