lunes, octubre 11, 2010

Política virtual - Joana Bonet

La desmotivación ciudadana hacia la política se ha convertido en el pan de cada día. La popularidad de los líderes internacionales, de Obama a Merkel, pasando por el extenuado Sarkozy hasta la debacle de Zapatero, indican la fatiga y el descrédito que produce el estamento político a quienes se sienten al otro lado de la realidad. Según las estadísticas y los barómetros del CIS, la clase política constituye el tercer problema más preocupante para los españoles, por encima incluso del terrorismo. Una situación desconocida hasta la fecha, en la que, a fin de diagnosticar este ánimo desmadejado, se ha recurrido, como un paraguas, al término de origen anglosajón desafección política, definido por el politólogo Giuseppe Di Palma como "el sentimiento subjetivo de impotencia, cinismo y falta de confianza en el proceso político, los políticos y las instituciones democráticas", término que no implica, en cambio, un cuestionamiento del sistema.

El fenómeno experimenta una progresiva agudización en España, donde no deja de ocupar la atención de los medios y de los propios partidos, dispuestos a encontrar nuevas fórmulas de acercamiento y credibilidad. De ahí que la llamada política 2.0 pretenda favorecer el activismo gradual y marcar la necesidad de cambio –aunque difícilmente compita con los culos de hierro que alargan las asambleas o con la verticalidad de los aparatos–. Los casi cinco mil "amigos" que ya coleccionan en Facebook los candidatos a la Generalitat implican un gesto de cercanía así como la necesidad de favorecer otro tipo de militancia, al igual que los carteles de los jóvenes grafistas que colaboran con Montilla y han elegido como eslogan antidesafección un "segueixo creient" que algunos han acusado, además de lacónico, de puro castellanismo. El caso es que hoy, más que nunca, los partidos se aferran a las campañas ad hóminem, esto es, aquellas que construyen los compromisos electorales vendiéndoles a los electores sus propios principios en los formatos más accesibles.

Los políticos toman nota de los clásicos y su argumentum ex concessis, hábiles conseguidores que se apoyaban en las convicciones de su interlocutor. Para esta precampaña, Mas ha sustituido la visita al notario por los platós, los cuchés y las comparecencias con las nueve banderas, cuyo enigma analizaba ayer Màrius Serra en este diario. En Madrid, Aguirre ha anunciado que la prioridad de su programa de cara a las próximas elecciones será la educación de calidad –bilingüe y pública–, cuando ella es una privatizadora nata. Y Barreda o Griñán han empatizado con el alicaído electorado exigiendo un cambio de rumbo, a riesgo de matar al padre.

La política 2.0 no tiene reparos en sacrificar la ideología en pos de los votos bajo una máxima comercialmente infalible: el cliente siempre tiene la razón.

Política virtual - Joana Bonet

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