
Diego González | Madrid
España sabía que hay oportunidades que no se pueden dejar desaprovechar. No es que el tren no vaya a pasar por la estación, pero sin duda este y no otro era el momento oportuno para que la selección se hiciese con su primera medalla en un Mundial. Enfrente tuvo a un rival difícil, Bielorrusia, pero el resultado final (77-68) permitió vivir lo que hace un mes era un sueño. Narración y estadísticas.
Las chicas del baloncesto español han pasado de todo hasta llegar aquí. Tan sólo un día antes, mismamente, recibieron una dura derrota contra Estados Unidos que le cerró el pase a la final. Pero las jugadoras dirigidas por José Ignacio Hernández sabían que ese no era su partido, que las norteamericanas estaban a otro nivel y que el domingo tenían que desquitarse consiguiendo la medalla de bronce.
Para ello contaban con el regreso de Sancho Lyttle tras sus problemas físicos. Además, Amaya Valdemoro también prometía espectáculo. Ambas fueron las máximas anotadoras de España contra Bielorrusia, acompañadas por Ana Montañana y Alba Torrens. Lyttle sumó 22 puntos; Torrenss, la gran sorpresa de la tarde, 19.
El comienzo del encuentro fue diametralmente opuesto al que se vio contra Estados Unidos. España salió muy concentrada y cogió ventaja en el electrónico basándose en ataques rápidos y defensa bien posicionada. Al final del primer cuarto la diferencia era favorable de 13 y la cosa tenía muy buen aspecto. El segundo periodo sin embargo dejó unos minutos finales en los que Bielorrusia, liderada por la caldiad anotadora de Anastasiya Verameyenka, aprovechó que las españolas empezaban a dudar para reducir la ventaja a siete puntos al descanso.
Los nervios comenzaron a hacer acto de presencia en el Karlovy Vary. Era el momento ideal para decir "aquí estoy yo", el momento para las 'cracks'. Tanto Montañana como Valdemoro se animaron desde los triples escudadas por una Lyttle que anotaba y dirigía los ataques españoles. Al final del tercer cuarto, el choque estaba nueve arriba para España que sabía que no podía fallar. No lo hizo.
El intercambio de golpes final dejó a España favorecida. La ruleta rusa no le salió bien a la llamada Rusia Blanca. Ya rondando los diez de ventaja y con dos minutos restando el reloj, las chicas de Hernández se dedicaron a hacer posesiones largas para ponerlas nerviosas y dejar pasar el tiempo. El final, con una canasta de Valdemoro, fue perfecto para una película, que ha tenido sus momentos dramáticos pero que ha acabado con final feliz. España ya está entre las medallistas. Un hito histórico que anima a seguir progresando.
España, bronce en el Mundial femenino
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