Pintado por Sandro Botticelli
entre los años 1482 y 1484, este cuadro constituye su más famosa obra y
también una secreta declaración de amor hacia la bella modelo que
interpreta a la diosa Venus llegando a la costa: Simonetta Vespucci.
La joven era hija de un noble genovés apellidado Cattaneo. Con tan solo 16 años se casó con el florentino Marco Vespucci,
vecino y amigo de Botticelli. Cuando el pintor conoció a la joven, se
enamoró instantáneamente de ella y la convirtió en su musa y modelo de
multitud de sus cuadros.
La belleza de Simonetta pronto se extendió por toda Florencia e incluso los hermanos Giuliano y Lorenzo de Médici,
mecenas de Botticelli, intentaron conquistarla en numerosas ocasiones.
En 1475, durante la celebración de un torneo de justas, fue proclamada “Reina de la belleza”, lo que hizo que su fama como la mujer más hermosa de Florencia se extendiera por toda Europa.